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La “medicalización” del fracaso escolar

El fracaso escolar en España se sitúa en uno de cada tres estudiantes. Pueden hacerse multitud de interpretaciones desde el punto de vista educativo pero lo que me interesa ahora es que lo que es un problema social también se ha ido convirtiendo con el paso del tiempo en un problema médico a solucionar con fármacos. Así, el alumnado que no obtiene los resultados previstos por el sistema educativo es considerado “enfermo”. Hay médicos y profesores que ven en el fracaso escolar un fracaso del modelo educativo más que del individuo, en cuyo fracaso educativo intervienen muchos más factores que los puramente formativos. En el fracaso escolar se juntan tanto factores del alumnado como la frustración del propio profesorado que conlleva una pérdida de confianza.

“Los docentes tienen que responder a situaciones que no controlan frente a un alumnado desinteresado y cabe la tentación de pasar las propias responsabilidades a otros sectores, como el sanitario. Es decir, cabe el transformar en problema de salud toda anormalidad vivida como tal por el sistema educativo. Así, el fracaso escolar y las dificultades escolares devienen problemas sanitarios y requieren métodos preventivos y curativos médicos”, así lo explican un médico, Juan Gérvas y una profesora, Paula González-Vallinas, en un trabajo muy interesante titulado

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La macroestafa del SIDA

Luis Carlos Campos es el periodista español del tipo llamado “contraperiodismo” que sigue la línea de este sitio web, intentando desenmascarar los abundantes mitos y especialmente fraudes científicos con que se mantiene el elevado nivel de neurosis de la población para impulsar oscuras agendas políticas. Una máxima que debería estar en un cartel de gran tamaño en todas las escuelas del mundo es la pronunciada en la década de 1920 por el genial contraperiodista norteamericano H. L. Mencken:
“Toda la meta de la práctica política es mantener al populacho alarmado, y por ello clamoroso para ser conducido a la seguridad, amenazándolo con una interminable serie de fantasías, todas ellas imaginarias.La incitación urgente para salvar a la humanidad es casi siempre una falsa fachada para el ansia de dominarlo.”
El libro de Campos no puede despertar polémica porque después de leer la monumen-tal cantidad de estudios científicos que desmienten la relación entre el presunto virus VIH y el Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida (SIDA), y las declaraciones de no-tables y respetados Premios Nobel de química y medicina, la polémica no podría hallar una puerta de ingreso.Y digo “presunto virus” porque hasta hoy no hay fotografías de microscopio electró-nico mostrando su poco fotogénico rostro, lo que lo convierte en un virus especial-mente tímido. Abundan, eso sí, coloridos dibujos de cómo debería verse el virus, y algunas fotos que demostraron ser un fraude muy burdo.Me sorprendió agradablemente ver entre sus agradecimientos a decenas de científi-cos a quienes Campos entrevistó para el libro, una mención a “Eduardo Ferreyra, de la FAEC (Fundación Argentina de Ecología Científica)”, y la inclusión de una fotografía mía (la que uso como “avatar” en los comentarios al pie de estas páginas), mencio-nado un comentario que le hice allá por 2005 en el intercambio de información que hacemos regularmente. En la página 104 repite lo que le decía hace más de cuatro años:
“Algo que jamás me convenció fue la tontería de que el uso del preser-vativo ayuda a no contagiarse del HIV,” –nos comenta el crack Eduardo Ferreyra, Presidente de FAEC, una de las principales organizaciones que denuncian los grandes fraudes científicos. “Los poros del látex de los preservativos tienen unos 18 micrones de diámetro, algo así como 1.000 veces más grande que el tamaño de un virus filtrable como el HIV. Entre otras cosas, las mismas fábricas de preservativos admiten que para las enfermedades venéreas comunes-como la gonorrea y la sífilis- el pre-servativo tiene apenas un 18% de de éxito par el alto grado de roturas que se observa.”
Hacer una revisión exhaustiva del libro la Macroestafa del Sida requeriría de varias páginas en este sitio, y probablemente haga una serie de artículos comentando los capítulos más importantes de esta obra que considero, como se lo dije a Campos cuando me envió por correo su libro dedicado y autografiado, "El libro ha quedado fantástico. Es una obra monumental de periodismo contemporáneo."
El índice de la obra consta de 7 capítulos y 3 apéndices, además de un glosario, un “dramatis personae” y una impresionante bibliografía de un promedio de 120 referencias por capítulo, con 288 referencias científicas en el último capítulo.
Mi única crítica al libro es en el estilo vehemente en que va presentando los ejemplos que apoyan su tesis –que no es original suya, por cierto- y que será criticado por los detractores que seguramente aparecerán. Con seguridad el intento de refutación del libro no se basará en la presentación de pruebas concluyentes, aún ausentes del debate, sino en el clásico “asesinato del personaje”, donde se asociará a Campos con las organizaciones “conspiranoides”, los creyentes en OVNIS y extraterrestres, seguramente no faltará que lo conecten con las petrolera y las tabaca-leras, o algunos de los demás demonios que pueblan los sueños de los vendedores de Apocalipsis.Luis Carlos Campos es también el autor en 2005 del excelente libro Calor Glacial, donde ingresa al debate del “calentamiento global/cambio climático” proporcionando información valiosa sobre los estudios y declaraciones de la escuela rusa de astrónomos y climatólogos que no han tenido mucha difusión en los grandes medios de occidente –pero que sirvieron para retrasar la ratificación de Rusia del Tratado de Kioto hasta poco antes de la COP14, de Buenos Aires. Cuando Putin ratificó el tratado lo hizo en contra de sus consejeros científicos y la opinión de su Academia Nacional de Ciencias. La ratificación fue a cambio de un tratamiento especial para su ingreso a la OCED (Organización de Cooperación Económica y Desarrollo), que finalmente no se concretó porque los países del G7 de occidente rara veza cumplen con sus compromisos para con el resto del mundo.Con honestidad periodística y personal, Campos reconoce que su capítulo sobre el fraude de la Capa de Ozono fue inspirado y se basó en el capítulo 2, “El Fraude del Ozono” de mi libro “Ecología: Mitos y Fraudes”, disponible desde 2001 en la web, en versiones html y pdf, actualizadas a 2006.Quienes tengan interés en leer el libro de Luis Carlos Campos, pueden adquirirlo en Internet siguiendo las instruc-ciones y opciones que publica en su blog personal, “Contraperiodismo Mátrix”:

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SIDA: Toda la verdad







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El negocio de la psiquiatría y el mercado de los psicotrópicos

Para millones de personas, las drogas son uno de los problemas más graves que afectan a nuestra sociedad, sin embargo hemos pasado por alto que las drogas ilícitas representan solo un porcentaje pequeño de la cantidad total que se consumen. En la actualidad las drogas psiquiátricas no solo se usan en nuestras escuelas, hospitales, centros de rehabilitación y prisiones, si no que son utilizadas por las personas para manejar cualquier clase de males: para perder peso, para mejorar la confianza, para el insomnio, para los problemas con las matemáticas, de escritura o la concentración, hasta para la ansiedad. Y aunque son legales y a menudo reciben el nombre de medicamentos, sus efectos son más peligrosos de lo que se cree.Las drogas psiquiátricas alteran el estado de ánimo, y no solo son capaces de alterar las formas en que una persona actúa, siente y piensa, sino además pueden alterar lo que ve. El problema con las drogas psiquiátricas es que únicamente inhiben los síntomas, mismos que se presentan de nuevo después de pasado el efecto. Al igual que las drogas ilícitas sólo proporcionan a la persona un escape temporal de sus problemas. Igualmente tienen numerosos efectos secundarios, como espasmos, gesticulaciones, inquietud severa, delirios y reacciones maniacas, ataques de apoplejía, disfunciones sexuales, confusión, mala concentración, problemas de memoria, sentimientos de pánico, alucinaciones, pesadillas, pensamientos suicidas y hostilidad. Como si todo esto fuera poco este tipo de drogas son adictivas y los síndromes de abstinencia pueden llegar a ser mucho más graves que los de una droga ilícita.En junio del 2001, en un artículo del Washington Post se expresó que mientras que por tradición se manufacturan nuevas drogas para los trastornos existentes, en el caso de la psiquiatría el negocio es encontrar nuevos trastornos para las drogas que ya existen.De esta forma volvemos al tema del fraude, y como lo expresa la CCDH, si de fraudes se trata, tal vez el mayor logro de la psiquiatría sea el Manual de Diagnóstico y Estadística de Trastornos Mentales (DSM) publicado por la Asociación Americana de Psiquiatría (APA), y el Catálogo Internacional de Enfermedades, Sección de trastornos mentales (ICD).




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Psiquiatría: la industria de la muerte

Documental en el que se denuncia la estafa que detrás hay en muchas de las enfermedades psiquiátricas y de como todo es un negocio farmacéutica muy lucrativo.
Este vídeo marcará un antes y un después, os lo aseguro, nadie que lo haya visto volverá a confiar en esta auténtica industria de la muerte y la tortura, de la inhumanidad, que es la psiquiatría. Salvo algún resbalón con el tema del holocausto, este vídeo es un auténtico compendio de verdades (incómodas) como puños. La Historia de la psiquiatría es un compendio de locuras... perpetradas por los que decían curar a los locos. Si no le hubieran puesto ese doblaje tan exagerado ¡Qué pena!

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La gran estafa del SIDA

Entrevista al perdiodista Luis Carlos Campos en la que denuncia la gran mentira del SIDA y los grandes intereses económico sy políticos que hay detrás de este asunto



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Jugar con una pistola de 100 balas... cargada solo con 17

Cuando la Iglesia y los movimientos católicos protestan contra las campañas de "prevención" de las administraciones -campañas que más que combatir el SIDA parecen promover el consumo de preservativos- es fácil que gobernantes y personas desinformadas digan: ''que se calle la Iglesia; el SIDA mata gente y los curas prohíben el preservativo por sus extraños tabúes morales; que hagan algo útil''.
Lo cierto es que la Iglesia es la institución más útil y comprometida mundialmente en la lucha contra el SIDA. Pero sucede que no se sabe.
Según la FIAMC (la ''internacional'' de médicos católicos, con 30.000 profesionales de 54 países), uno de cada cuatro enfermos de SIDA del mundo está atendido por la Iglesia Católica (25%). El 9,4% de las personas atendidas acuden a organismos eclesiales y el 15,1% a ONGs católicas.
Según el Pontificio Consejo para la Pastoral de la Salud (el ''ministerio de sanidad'' del Vaticano), la Iglesia proporciona atención al 25% de los enfermos usando sólo el 20% de los recursos destinados a esta enfermedad en todo el mundo. Además, estos recursos los recauda la Iglesia en su gran mayoría de fuentes privadas y caritativas, y no de gobiernos. En los países pobres, donde la medicina no es un negocio, la Iglesia asiste al 60% de los afectos por el SIDA.
La realidad cotidiana es que la Iglesia lidera la lucha cotidiana contra el SIDA en hospitales, dispensarios, centros de acogida, orfanatos... aunque no se la escuche en los grandes foros de debate. El doctor Simón, delegado de la FIAMC para Europa, se quejaba el pasado julio en la XIV Conferencia Internacional del Sida, en Barcelona, de que la Iglesia Católica y las diversas congregaciones protestantes (que también realizan un importante papel asistencial) ''han sido injustamente marginadas e ignoradas en esta Conferencia".
Un pequeño libro para difundir en los institutos
Para romper este silencio y para dar testimonio, Grafite Ediciones ha recogido las historias e informaciones de muchos de los principales protagonistas católicos en la lucha contra el SIDA. Se trata de un librito pequeño, de apenas 100 páginas, lleno de testimonios personales, de vivencias y experiencias reales. Se lee rápido y debería circular en grandes cantidades por institutos, colegios, academias y escuelas de la Iglesia.
Por un lado enseña a los jóvenes que el SIDA es un peligro y un drama real. Por otro, abre una ventana a los testimonios de entrega y generosidad de laicos, sacerdotes, enfermeras, médicos y misioneras de todo el mundo. Por último, enseña con claridad que la Iglesia ama a sus hijos, cuida a los enfermos y proclama la verdad. Mucho fruto en pocas páginas.
El padre Joan Antoni Mateo, encargado de resolver las dudas de los lectores del semanario Cataluña Cristiana, remarcó el valor pedagógico del libro en su presentación: ''como profesor en institutos he visto que los jóvenes desconocen la realidad de la Iglesia, y por eso en España es la institución con menos popularidad entre los jóvenes. Pero la Iglesia, luchando contra el SIDA, hace mucho, imitando a Jesús con los leprosos. En este libro hay testimonios, doctrina y vida, y al leerlo caerán muchos prejuicios, porque nadie puede amar aquello que desconoce''.
El editor del libro, José Antonio Herrero, de Editorial Grafite, explica su relación con el libro y la enfermedad:
''-Yo la he vivido a través del drama de unos amigos íntimos, con un hijo y una hija seropositivos, y los dos murieron. La Iglesia Católica tiene algo que decir sobre esto, sobre el sufrimiento. Ofrece soluciones a los problemas del hombre que los políticos no tienen, porque los políticos buscan votos mientras que la Iglesia piensa en el que sufre, porque su Fundador sufrió, y sufrió hasta el extremo. Este libro recoge respuestas concretas de la Iglesia concreta ante unos sufrimientos concretos''.
El cardenal de Barcelona, Ricard Maria Carles, también dio su testimonio respecto a la enfermedad:
''-Hace años, cuando el SIDA era aceleradamente mortal, teníamos los centros de enfermos de SIDA de la Iglesia camuflados, para no asustar a los vecinos; yo los visitaba... y me impresionó el estilo perfectamente humano con el que los enfermos llevaban su enfermedad, con serenidad, con elegancia, si se me permite decirlo, ayudándose unos a otros. Los miré con respeto porque en otros centros no he encontrado ese talante humano''.
Cuando la prevención está mal enfocada
Los textos del libro han sido recogidos por Médicos Cristianos de Cataluña, que actualmente recrimina a la Generalitat catalana su insistencia con una campaña más de difusión de preservativos en vez de optar por medios alternativos basados en la formación. ''Tanta campaña para jóvenes basada en el condón es absurda: si miramos los datos epidemiológicos en la misma web de la Generalitat veremos que no existe prácticamente el contagio infantil-juvenil, que el virus en Cataluña se adquiere hacia los 30 y se desarrolla la enfermedad a los 40, con excepción de los drogadictos.
El preservativo falla como método de barrera entre el 11% y el 17% de casos... las campañas deberían avisar al menos de que es una barrera con límites.
Virológicamente, hay un riesgo y epidemiológicamente las campañas de preservativos no tienen sentido'', explica el doctor Simón.
El cardenal Carles lamenta el recurso fácil del condón. ''Es como animarles a jugar con una pistola para 100 balas... cargada con 17. Parece que los formadores no tengan confianza ni esperanza puesta en los jóvenes, que renuncien a formarlos.''
Más allá de los errores de las administraciones y de las campañas que se quedan cortas, la Iglesia atiende a los enfermos y necesitados. La institución que Cristo fundó acoge en sus centros a uno de cada cuatro enfermos de SIDA del mundo. Miles de hombres y mujeres se desviven por ellos viendo en el enfermo a otro Cristo. Todo esto merece darse a conocer.

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Kari Mullis, premio nobel explica por qué dejó de creer

por Kary Mullis (Premio Nóbel de Química por crear la técnica PCR)Prefacio al libro del Dr. Peter H. Duesberg:Inventing the AIDS virusArtículo publicado en el Nº 46 de la revista Medicina Holística, editada por la Asociación de Medicinas Complementarias (A.M.C)


En 1988 trabajaba como consultor en Specialty Labs, en Santa Mónica, realizando análisis del Virus de Inmunodeficiencia Humana (VIH). Sabía bastante de análisis de cualquier cosa con ácido nucleico, porque había inventado la Reacción en Cadena de la Poliomerasa (Polymerase Chain Reaction: PCR). Por eso me contrataron. Por otra parte, el Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida (SIDA) era algo de lo que no sabía demasiado. De este modo, cuando me encontré escribiendo un informe sobre nuestros progresos y objetivos para el proyecto patrocinado por los National Institutes of Health, me dí cuenta de que no conocía la referencia científica para apoyar la declaración que acaba de escribir: El VIH es la probable causa del SIDA. Así que me volví al virólogo de la mesa de al lado, un tipo serio y competente, y le pregunté por esa referencia, dijo que no necesitaba ninguna; yo no estuve de acuerdo.Pese a que es verdad que ciertos descubrimientos o técnicas científicas están tan bien establecidas que sus fuentes ya no se aluden en la literatura contemporánea, ése no parecía ser el caso de la conexión VIH/SIDA. Para mí, era muy notable que el individuo que había descubierto la causa de una enfermedad mortal y hasta ahora incurable, no fuese continuamente aludido en las publicaciones científicas hasta que la enfermedad estuviese curada y olvidada. Pero, como pronto aprendería, el nombre del individuo -que sería seguro materia de Premio Nóbel- no estaba en boca de nadie. Por supuesto, esta simple referencia debía estar en alguna parte ahí fuera. De lo contrario, decenas de miles de funcionarios y reconocidos científicos de diversas procedencias, que intentan aclarar las trágicas muertes de un considerable número de homosexuales y/o consumidores de drogas intravenosas de edades comprendidas entre los 25 y los 40 años, no habrían permitido que su investigación se limitase a una estrecha vía de estudio. No todo el mundo pescaría en la misma charca a menos que estuviese completamente verificado que el resto de charcas estaban vacías. Tenía que haber un informe publicado, o quizás varios, que juntos indicasen que el VIH es la posible causa del SIDA. Tenía que haberlo.Hice indagaciones con el ordenador, pero no encontré nada. Por supuesto, puedes perderte información importante con las búsquedas por ordenador sólo con no introducir las palabras clave concretas. Para estar seguro de una conclusión científica, lo mejor es preguntar a otros científicos directamente. Esa es una de las cosas para las que sirven esos congresos en lugares lejanos con bonitas playas. Como parte de mi trabajo, iba a muchos encuentros y congresos. Adquirí el hábito de acercarme a cualquiera que diese una charla sobre SIDA y preguntarle qué referencias debía citar para esa cada vez más polémica declaración: el VIH es la probable causa del SIDA. Después de 10 ó 15 encuentros en un par de años, empecé a preocuparme cuando vi que nadie podía citarme la referencia.No me gustaba la fea conclusión que se estaba formando en mi mente: la campaña entera contra la enfermedad considerada con creces como la peste negra del siglo XX, estaba basada en una hipótesis cuyos orígenes nadie podía recordar. Eso desafiaba tanto al sentido científico como al común.Finalmente, tuve la oportunidad de interrogar a uno de los gigantes de la investigación del VIH y del SIDA, el doctor Luc Montagnier, del Instituto Pasteur, cuando dió una charla en San Diego. Esta sería la última vez en que sería capaz de realizar mi pregunta sin mostrar cólera. Me figuré que Montagnier conocería la respuesta. Así que se la planteé, y con una mirada de perplejidad condescendiente, Montagnier dijo: "¿Por qué no cita el informe de los Centers for Disease Control (CDC, Centros para el Control de Enfermedades)?". Yo contesté: "No se refiere realmente al tema de si el VIH es o no la probable causa del SIDA, ¿o sí?". "No", admitió, sin duda preguntándose cuánto tardaría en marcharme. Buscó ayuda en el pequeño círculo de personas a su alrededor, pero todos estaban, como yo, esperando una respuesta más concluyente. "Por qué no cita el trabajo sobre el VIS (Virus de la Inmunodeficiencia Simia)?", ofreció el buen doctor. "También he leído eso, doctor Montagnier", contesté. "Lo que les pasó a esos monos no me recuerda al SIDA. Además, ese informe fue publicado sólo hace un par de meses. Estoy buscando el informe original con el que alguien demostró que el VIH causa el SIDA". Esta vez, como respuesta, el doctor Montagnier se dirigió hacia el otro lado de la habitación para saludar a un conocido.No hemos podido encontrar ninguna buena razón por la cual la mayoría de la gente sobre la tierra cree que el SIDA es una enfermedad causada por un virus llamado VIH. Simplemente no hay evidencia científica alguna que demuestre que eso es cierto. Tampoco hemos sido capaces de descubrir por qué los médicos recetan una droga tóxica llamada AZT (Zidovudina-Retrovir) a personas que no tienen otro mal que la presencia de anticuerpos al VIH en su cuerpo. De hecho, no podemos entender por qué ningún ser humano debería tomar esa droga cualquiera que fuese la razón que se adujese. Ni Duesberg ni yo podemos entender cómo ha surgido esta locura, y habiendo vivido ambos en Berkeley hemos visto algunas cosas muy extrañas. Sabemos que errar es humano, pero la hipótesis VIH/SIDA es un error diabólico. Digo esto bastante alto como advertencia. Duesberg lo ha estado diciendo durante mucho tiempo.

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El Sida, una de las grandes mentiras de los programas de eugenesia

El Sida, una de las grandes mentiras de los programas de eugenesia

Ya hace mucho que se argumenta sobre el fraude del Sida; por supuesto, ha muerto mucha gente y seguirán muriendo más tras la desinformación, si no nos hacemos conscientes de que solo se trata de un gran negocio. Aún así, es posible que tengas dudas, corre este video, en el cual, hasta un premio nobel expone su carrera científica por tratar de corroborar las supuestas causas del sida y su transmisión, Y esta es solo una de las grandes mentiras, ya sabes que hay mucho más.

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El SIDA es una gran mentira

Introducción

"Sabemos que errar es humano, pero la hipótesis de que el VIH es la causa del SIDA es un error diabólico".
(Palabras de Kary Mullis, Premio Nobel de Química 1993, en el prólogo del libro "Inventando el virus del SIDA", de Peter Duesberg [1])


¿Es posible que el Virus de Inmunodeficiencia Humana (VIH) NO sea la causa del SIDA? ¿Es posible que la inmensa mayoría de los ministerios y servicios públicos de salud, facultades de medicina, centros médicos, organizaciones y publicaciones científicas, e incluso la Organización Mundial de la Salud, lleven 20 años aceptando y difundiendo una "versión oficial" que no está respaldada por ninguna evidencia científica? ¿Es posible que el VIH, el virus asesino que 70 millones de personas han creído tener en la sangre, ni siquiera exista? ¿Es posible que los que defienden la "versión disidente", entre los cuales hay al menos 2 Premios Nobel, hayan sido sistemáticamente censurados por casi la totalidad de los medios de comunicación del mundo? ¿Es posible que 26 millones de personas hayan muerto por una enfermedad falsa? ¿Es posible que el SIDA sea el negocio más perverso de las últimas décadas, o tal vez de la historia?
Probablemente, la gran mayoría de las personas que lean estas preguntas responderá dentro de su cabeza "No, nada de eso es posible". Algunos dirán "El mundo está podrido, pero nunca tanto…" Otros irán un poco más lejos: "Tal vez las multinacionales farmacéuticas estarían dispuestas a montar un negocio semejante, pero no podrían obtener la complicidad de las escuelas de medicina, las revistas científicas, o los médicos independientes que no obtendrían ningún beneficio".
Sin embargo, cualquiera que se considere escéptico, que esté anímicamente dispuesto a aceptar que lleva años creyendo mentiras y sumergido en la ignorancia, y que se dé el tiempo de buscar información relacionada a la "versión disidente" sobre el VIH y el SIDA en internet (el único medio de comunicación que los poderes políticos y económicos no pueden controlar), encontrará toneladas de información como para entender que todas las preguntas del primer párrafo tienen una escalofriante respuesta: Sí, todo ello es posible.
Soy demasiado ignorante sobre biología, química y medicina como para saber a ciencia cierta qué es verdadero y qué es falso en este tema, pero al menos estoy seguro de una cosa: durante 20 años se nos ha ocultado mucha información, y ese solo hecho me parece inaceptable.

2. La ignorancia está de moda

Hace 5 años, mi única preocupación sobre el VIH y el SIDA era ser prudente en mi vida sexual para evitar contagiarme, y nunca me preocupé de informarme más allá de los métodos de prevención.
Pero en 1999 supe que existía una "versión disidente", totalmente opuesta a la oficial. Primero leí en la Zona de Contacto un reportaje sobre Kary Mullis, y tres años después una entrevista a un doctor chileno llamado Gonzalo Larraín, en el desaparecido Diario Noreste (ya hablaré de ambos personajes). Me invadieron la curiosidad y la ansiedad por encontrar respuestas, y desde entonces he pasado cientos de horas en internet buscando información que me parezca confiable sobre esta "versión disidente", tratando de responder las muchas preguntas que inevitablemente han ido apareciendo. Gracias a eso, ahora sé algo sobre el tema, aunque todavía es muy poco, pero suficiente como para tener numerosas dudas razonables acerca de la versión oficial.
En estos 5 años he conversado el tema con unas 50 personas, entre familiares, amigos y conocidos. Casi todos leen diarios, revistas y libros, ven bastante televisión por cable, y tienen internet en sus casas. Pese a su fácil acceso a la información, ninguno de ellos había escuchado o leído algo sobre la versión disidente. Para el 100% de mis "encuestados", había una sola verdad sobre el SIDA, y además sabían muy poco sobre esa "verdad". Muchos de ellos pusieron cara de sorpresa cuando supieron que VIH y SIDA no son sinónimos (ni en la versión oficial ni en la disidente).
Además de la ignorancia, me ha sorprendido y entristecido la poca importancia que casi todos ellos le dieron al problema cuando se los conté. Algunos me escucharon con bastante atención y se sorprendieron mucho, pero hasta donde recuerdo, nadie me volvió a mencionar el asunto. No parecen darse cuenta de que éste no es un problema de vida o muerte, sino un problema de decenas de millones de vidas o muertes. Por más que sean mis familiares, amigos y conocidos, no puedo evitar considerarlos cómplices por omisión, y la principal motivación que tengo para escribir esto es precisamente crear conciencia entre la gente que me rodea.
Pero aunque ahora todo esto me impresiona bastante, es exactamente la misma ignorancia en la que yo estaba sumido hace pocos años. Por lo tanto, creo que para poder hablar de la versión disidente, es necesario empezar por aclarar los aspectos más básicos de la versión oficial.

3. La "versión oficial"

Al igual que la mayoría de los asuntos que involucran millones de muertes con billones de dólares, la versión oficial del SIDA nació en EE.UU. Según el sitio www.vihsida.cl [2]:
"En junio (de 1981) el Centro para el Control de Enfermedad de Atlanta en Estados Unidos (CDC, Centers for Disease Control), publica el primer reportaje sobre un tipo raro de neumonía: 'Pneumocistis Carinii' en cinco jóvenes, todos homosexuales activos residentes en Los Angeles. No se frecuentaban entre ellos, no tenían amigos comunes y no tenían conocimiento de enfermedades similares entre sus compañeros sexuales. Dos de ellos informaron haber mantenido relaciones homosexuales con diversas personas.
El cuadro inicialmente fue interpretado de la siguiente forma:
1) Todos presentan infecciones oportunistas, por lo tanto, debía existir un trastorno de la inmunidad y
2) Un agente infeccioso sexualmente transmisible, debía ser el responsable de este nueva enfermedad.
La creencia inicial de limitar esta enfermedad sólo a homosexuales llevó a algunos autores a denominarla "Síndrome de Inmunodeficiencia relacionada con los homosexuales" o "Peste Rosa". En agosto del mismo año, 111 casos similares fueron reportados al CDC, lo que llevó a organizar un registro nacional de casos. Luego, nuevos casos de SIDA fueron descritos en drogadictos haitianos, hemofílicos, pacientes transfundidos, hijos de madres en riesgo, parejas heterosexuales y trabajadores de la salud, lo que hizo a la comunidad médica y a la sociedad, tomar conciencia de la existencia de una nueva epidemia sin precedentes en la historia de la medicina ".
En 1983, dos años después de definida esta "nueva enfermedad" se "descubrió" cuál era la causa: un nuevo virus llamado VIH (siendo más estricto, es un retrovirus, pero la diferencia me parece irrelevante para los objetivos de este ensayo). Los responsables de este sensacional descubrimiento fueron dos: el norteamericano Robert Gallo, que trabajaba en los National Institutes of Health (NIH, uno de los dos principales organismos públicos de salud de EE.UU.), y el francés Luc Montagnier, del Instituto Pasteur de París. Aunque en un principio hubo polémica entre ambos por la paternidad de la hipótesis VIH = SIDA, al poco tiempo se pusieron de acuerdo y decidieron compartir el dudoso honor. Hasta el día de hoy, ambos son considerados las máximas eminencias en el tema, y han ganado reconocimiento, galardones, fama y, sin duda, mucha plata.
Todos sabemos que SIDA significa Síndrome de Inmuno Deficiencia Adquirida (a su vez, síndrome significa "conjunto de síntomas"), mientras que VIH quiere decir Virus de Inmunodeficiencia Humana. Según la versión oficial, el VIH es la causa del SIDA.
Una persona que supuestamente tiene el VIH en la sangre pero todavía no tiene ningún síntoma, es un "portador sano", "portador asintomático", o "portador pasivo". El VIH debilita nuestro sistema inmunológico (es decir, las defensas naturales de nuestro cuerpo), por lo que esa persona tarde o temprano va a tener síntomas, y pasará a ser un "portador enfermo", "portador sintomático", o "portador activo". En otras palabras, va a tener SIDA.
Tanto en Chile como en el mundo, hay más portadores sin SIDA que portadores con SIDA. Pese a esto, uno de los principales "logros" de la propaganda oficialista es haber instalado en la cabeza de la gente más o menos informada la certeza de que VIH y SIDA son, respectivamente, causa y efecto. Y peor aún, en la cabeza de la gente desinformada, se ha instalado la aberrante y confusa idea de que VIH y SIDA son distintos nombres para una misma cosa. Éste es el primer malentendido que hay que desterrar.
Según un documento oficial de la OMS del año 2004, "El SIDA (Síndrome de Inmuno Deficiencia Adquirida) es una enfermedad causada por un virus llamado VIH (Virus de Inmunodeficiencia Humana) y que ocasiona la destrucción del sistema inmunitario de la persona que la padece. El SIDA fue descubierto a finales de la década de los 70 y su descubrimiento fue publicado científicamente por primera vez el 5 de julio de 1981 en Mortality Weekly Report, una revista periódica de medicina. Esta fecha ha sido la más acogida por la comunidad científica, aunque claramente disputada por varios investigadores [3]".

4. La "versión disidente"

Aunque dentro de los disidentes existen diversas posturas, hay bastante concordancia en cuanto a negar, desmentir o al menos poner en duda prácticamente todos los principios básicos de la versión oficial. Según los disidentes:
4.1. El SIDA no es una enfermedad propiamente tal, es sólo un concepto artificioso que engloba una treintena de enfermedades preexistentes. De hecho, la lista de enfermedades incluidas ha ido creciendo sistemáticamente durante estos 20 años, inflando así la cantidad de personas etiquetadas como enfermos de SIDA.
4.2. Nadie ha demostrado jamás que el VIH sea la causa del SIDA, ni que el virus se transmite por la vía sexual. Es más, ni siquiera se ha demostrado que el VIH existe.
4.3. Las posibles causas por las que un sistema inmunológico puede deteriorarse hasta el extremo de provocar la muerte son múltiples: desnutrición, malas condiciones sanitarias, uso y abuso de drogas intravenosas, entornos sociales agresivos, y, especialmente, el estigma del SIDA, la propaganda del terror, la condena a muerte que significa resultar positivo en un test y, en gran medida, las drogas - legales, por cierto - extremadamente tóxicas que se les recetan a los portadores sanos y enfermos, especialmente el AZT, que fue desarrollado en los años 70 como anticancerígeno, pero fue posteriormente desechado... por tóxico.
4.4. Los tests que supuestamente detectan la presencia del VIH en la sangre no tienen ninguna validez científica. Aquí hay otra confusión muy difundida, porque he oído a muchas personas referirse al "test de Elisa" como el "test del SIDA", cuando en realidad es un disparate creer que el SIDA es algo que se puede encontrar en la sangre. Un poco menos absurdo es creer que los tests detectan la presencia del VIH en la sangre, pero la realidad tampoco es ésa: simplemente detectan una presencia anormal de ciertos anticuerpos que supuestamente indican la presencia del VIH.
La "versión disidente" no es, como muchos pueden creer, un delirio paranoico de un puñado de chiflados ociosos o seudorebeldes. A continuación, voy a escribir acerca de algunas de las personas que defienden esta postura. Creo que con esto puedo matar dos pájaros de un tiro: por un lado, demostrar que es una teoría más que respetable, y por otro lado, contar en qué consiste a través de los postulados y las experiencias de estas personas.

Con ustedes, los disidentes:

Disidente 1: Peter Duesberg

Científico alemán nacido en 1936, y radicado en EE.UU desde 1964. Es Doctor en Química de la Universidad de Frankfurt (Alemania), y profesor de Biología Molecular y Celular de la Universidad de Berkeley (California) desde 1973 hasta la fecha. Fue el primero en aislar el gen del cáncer, ganó el Premio Anual de Científicos de California en 1971 y fue electo miembro de la Academia Nacional de Ciencias de EE.UU. en 1986.
Peter Duesberg fue uno de los primeros en oponerse a la versión oficial del SIDA. Él sostiene que el VIH posiblemente existe, pero es inofensivo, y que la principal causa del SIDA es el abuso de las drogas, tanto de las recreativas como de las recetadas contra el propio SIDA. Pese a sus sobrados méritos y a su indiscutible aporte a la ciencia, ha sido sistemáticamente censurado por los medios, y el gobierno de EE.UU. le retiró totalmente el apoyo económico, por lo que ha tenido que seguir investigando por sus propios medios.
En una entrevista concedida en 1998 a "El Pequeño Periódico", de Colombia, Duesberg declaró lo siguiente:
"Se realizan encuentros internacionales anuales alrededor del SIDA, a los cuales no se invita a nadie que no crea en el VIH y eso es extremadamente grave para la ciencia. Eso puede ser religión, puede ser política, pero no ciencia. La ciencia es tradicionalmente abierta a otras posibilidades, especialmente cuando no se tienen resultados (...) La mayoría de las grandes universidades de Norteamérica no permiten un seminario sobre este aspecto. Están todas cerradas porque si usted habla, ellos podrían perder sus fondos, podrían perder a sus amigos, las grandes compañías les quitarían su apoyo y podrían quedar sin sus tremendos megabyte de entradas".
"En los últimos años nadie quiere invitarme a ningún encuentro porque estoy cuestionando el VIH, y cuestionando la gigantesca inversión, la gigantesca industria. La industria de cincuenta billones de dólares que se han gastado. En nombre de la tecnología científica no podemos tener toda esa gente sufriendo y muriendo innecesariamente. Y lo digo porque la están matando con AZT. La droga no sólo no les ayuda, sino algo peor, el AZT realmente los está matando. (...) Y todo en nombre de una hipótesis que hasta ahora no ha curado a nadie [4]".
Peter Duesberg ha escrito y co-escrito varios libros sobre este tema, entre ellos "Por qué NUNCA ganaremos la guerra contra el SIDA", "SIDA: ¿Causado por Virus o por Drogas?", "SIDA Infeccioso: ¿Hemos Sido Engañados?", "SIDA: Las Buenas Noticias son...", e "Inventando el Virus del SIDA". Éste último es probablemente el más famoso, y su prólogo está escrito por otro renombrado disidente: Kary Mullis.

Disidente 2: Kary Mullis

Doctor en Bioquímica de la Universidad de Berkeley (California). En 1993 obtuvo el Premio Nobel de Química por haber inventado una técnica para analizar el ADN llamada Reacción en Cadena Polimerasa (en inglés, Polymerase Chain Reaction, o simplemente PCR). Esta técnica es usada en el famoso "test de Elisa" para medir la carga viral (en otras palabras, la "cantidad de virus") en los supuestos portadores. Sin embargo, el propio Kary Mullis - sin duda uno de los disidentes más enérgicos - ha dicho hasta el cansancio que la PCR no sirve para medir cargas virales, y que habría renunciado al Nobel si hubiera sabido el uso que se le iba a dar a su invención.
El prólogo que Mullis escribió para el libro de Duesberg, es, a mi juicio, uno de los textos más creíbles y a la vez impactantes sobre la versión disidente. En él, Mullis relata que en 1988 estaba escribiendo un reporte para Specialty Labs (Santa Monica, California), y cuando redactó la frase "El VIH es la causa más probable del SIDA", quiso respaldar su afirmación con alguna cita científica.
"Para mí, era muy llamativo que el individuo que había descubierto la causa de una enfermedad mortal y hasta ahora incurable, no fuese continuamente aludido en las publicaciones científicas hasta que la enfermedad estuviese curada y olvidada. Pero, como pronto aprendería, el nombre del individuo - que sería seguro materia de Premio Nobel - no estaba en boca de nadie. (...) Tenía que haber un informe publicado, o quizás varios, que juntos indicasen que el VIH es la posible causa del SIDA. Tenía que haberlo".
Mullis también buscó la información en internet y no la encontró, pero no le dio mucha importancia a eso. "Para estar seguro de una conclusión científica, lo mejor es preguntar a otros científicos directamente. (...) Como parte de mi trabajo, iba a muchos encuentros y congresos. (...) Adquirí el hábito de acercarme a cualquiera que diese una charla sobre SIDA y preguntarle qué referencias debía citar para esa cada vez más polémica declaración: «el VIH es la probable causa del SIDA». Después de 10 ó 15 encuentros en un par de años, empecé a preocuparme cuando vi que nadie podía citarme la referencia. No me gustaba la fea conclusión que se estaba formando en mi mente: la campaña entera contra la enfermedad considerada con creces como la peste negra del siglo XX, estaba basada en una hipótesis cuyos orígenes nadie podía recordar. Eso desafiaba tanto al sentido científico como al común.
Finalmente, tuve la oportunidad de interrogar a uno de los gigantes de la investigación del VIH y del SIDA, el doctor Luc Montagnier, del Instituto Pasteur, cuando dio una charla en San Diego. Esta sería la última vez en que sería capaz de realizar mi pregunta sin mostrar cólera. Me figuré que Montagnier conocería la respuesta, así que se la planteé".
Montagnier intentó eludirlo con un par de débiles respuestas con las que Mullis no se dio por satisfecho, y ante la insistencia de éste, "el doctor Montagnier se dirigió hacia el otro lado de la habitación para saludar a un conocido".
"(Duesberg y yo) No hemos podido encontrar ninguna buena razón por la cual la mayoría de la gente sobre la tierra cree que el SIDA es una enfermedad causada por un virus llamado VIH. Simplemente no hay evidencia científica alguna que demuestre que eso es cierto".
"Tampoco hemos sido capaces de descubrir por qué los médicos recetan una droga tóxica llamada AZT (Zidovudina-Retrovir) a personas que no tienen otro mal que la presencia de anticuerpos al VIH en su cuerpo. De hecho, no podemos entender por qué ningún ser humano debería tomar esa droga cualquiera que fuese la razón que se adujese".
"Ni Duesberg ni yo podemos entender cómo ha surgido esta locura (...) Sabemos que errar es humano, pero la hipótesis VIH/SIDA es un error diabólico [5]"

Disidente 3: Stefan Lanka

Científico alemán nacido en 1963. Licenciado en Biología desde 1989, Doctor en Ciencias de la Naturaleza, biólogo, biólogo molecular y, esencialmente, virólogo. Es sin duda uno de los disidentes más extremistas y radicales, llegando incluso a criticar agriamente a Duesberg por aceptar la posible existencia del VIH. De los aproximadamente 2.000 virólogos que hay en el mundo, Lanka es uno de los pocos que ha conseguido aislar un nuevo virus (el Ectocarpus Siliculosis, en 1988).
En una didáctica entevista que le hizo en 1997 el español Lluis Botinas (director del Centro Orientativo de Bio-Regeneración Aplicada, C.O.B.R.A), Lanka explica en términos simples y categóricos por qué dice que el VIH no existe. Resumo sus respuestas conservando lo que me parece esencial:
"(Los requisitos exigidos para poder afirmar que un nuevo virus ha sido aislado) Son cuatro. Ante todo, presentar cuatro fotografías. Una del virus infectando células; la segunda, de uno o varios ejemplares del virus pero sin absolutamente nada más en la fotografía; la tercera, de las diferentes proteínas que forman la envoltura del virus, separadas según su tamaño por medio de una técnica que se llama electroforesis en gel; y la cuarta, del ácido nucleico del virus.
El segundo requisito es caracterizar exactamente cada proteína, es decir, fijar qué aminoácidos la componen y en qué orden están colocados. Y lo mismo con el ácido nucleico, secuenciando sus letras genéticas.
El tercer requisito es efectuar los experimentos de control. Supongamos que de unas células infectadas hemos conseguido las cuatro fotografías mencionadas. Hay que trabajar en paralelo con el mismo tipo de células pero no infectadas, y al efectuar dichas cuatro fotos no debe aparecer nada que coincida con lo contenido en las fotos del virus. Hay que repetir cuidadosamente varias veces estos controles, a fin de evitar que haya habido lo que se llama contaminación, y poder finalmente afirmar con toda seguridad que las proteínas y el genoma hallados son realmente del nuevo virus.
Y el cuarto requisito es, a medida que se va avanzando en el aislamiento y caracterización del nuevo virus, ir publicando en revistas científicas adecuadas artículos que expliquen los resultados que se van obteniendo, así como las condiciones exactas en que se está trabajando. Así otros investigadores pueden reproducir los experimentos y comprobar que se llega a los mismos resultados. Por ejemplo, a medida que fuimos aislando ‘mi' EsV, publicamos cuatro artículos sucesivos en la revista Virology.
En cuanto al VIH, no se ha cumplido con absolutamente ninguna de estas cuatro exigencias".
Lanka tuvo un papel protagónico en uno de los hitos más significativos de la historia del SIDA. A mediados de los años 90, en Göttingen (Alemania) un médico germano fue acusado de 14 asesinatos y 5.800 intentos de asesinato, todos mediante la transfusión de sangre supuestamente contaminada con el VIH. Lanka se presentó voluntariamente a declarar que no había ninguna prueba científica de la existencia del mentado virus, por lo tanto no podía haber ninguna sangre contaminada con él. Por la contraparte, el Tribunal no pudo encontrar ni un solo científico que se atreviera a declarar bajo juramento que el VIH efectivamente existía. El 24 de febrero de 1997, el Tribunal dictó una resolución que debiera haber sido portada de todos los diarios del mundo: al no haber evidencia de que el virus existe, el acusado fue absuelto de todos los cargos. Sin embargo, como ha sucedido desde que existe la versión disidente, este fallo judicial histórico fue más censurado que difundido por los medios de comunicación.
Podría seguir escribiendo páginas y páginas sobre Stefan Lanka (también sobre Duesberg, Mullis y los que vienen a continuación), pero como hay una extensión límite para este concurso, sólo quiero agregar sus lapidarias opiniones acerca de Luc Montagnier y Robert Gallo:
"El Dr. Montagnier es un mediocre que nunca dijo que su ‘retrovirus' fuese la causa del SIDA. Precisamente por ello ya en 1990 planteó su hipótesis de los cofactores: puesto que el VIH es incapaz por sí solo de matar célula alguna, es necesario que haya otro factor que actúe al mismo tiempo sobre la misma célula. Y en el reportaje ‘SIDA: la duda', dirigido en 1996 por Djamel Tahi, declara que la transmisión heterosexual no se ha confirmado en Occidente. Resumiendo: el Dr. Montagnier, aunque afirmó haber aislado en 1983 un nuevo ‘retrovirus' y sigue beneficiándose de ello, quita importancia al papel del supuesto VIH en tanto que supuesta explicación del SIDA. En cambio, el Dr. Gallo primero intentó colar como virus del SIDA (donde mataría células) el mismo ‘retrovirus' VLTH-1 que había presentado en vano como causante de leucemia (donde multiplicaría células). Luego el Dr. Gallo robó el ‘virus' del Dr. Montagnier y tomó la iniciativa de presentarlo como la causa del SIDA en una multitudinaria conferencia de prensa el 23 de abril de 1984, sin que previamente hubiese aparecido ni un solo artículo científico suyo que pudiese ser analizado por otros investigadores; es más, ni siquiera hubo una reunión entre científicos de distintos centros que avalase la ‘sensacional noticia'. Y el Dr. Gallo actuó así porque el New York Times del día anterior sacó un artículo en primera página en el que el director de los CDC (Centers for Disease Control, que fueron quienes dirigieron el invento del SIDA) daba a conocer que los CDC apoyaban al ‘virus francés' mientras que los NIH (National Institutes of Health, para los que trabajaba el Dr. Gallo) respaldaban al ‘virus americano'. Convocar una rueda de prensa y convertir en verdad social que el ‘virus del Dr. Gallo' era la causa del SIDA fue una maniobra para zanjar el enfrentamiento entre las dos principales instituciones sanitarias de los USA. Y que esa maniobra fue al máximo nivel lo ratifica que el mismo día los NIH registrasen la patente de un test del Dr. Gallo aún por confeccionar, con lo que se aseguraban millones de dólares en royalties... El Dr. Gallo es un gángster científico que ha sido condenado por mala conducta profesional por una comisión del Senado de los EE.UU., por lo que tuvo que dejar de trabajar en una institución pública como son los NIH y ahora ‘investiga' en un centro privado que le ha construido directamente la industria farmacéutica... [6]"

Disidente número 4: Christine Maggiore

Christine Maggiore es muy distinta a los 3 disidentes anteriores, ya que no tiene ninguna formación científica. Sin embargo, junto a Kary Mullis escribió un libro clave para entender la versión disidente: "¿Qué pasaría si todo lo que crees saber sobre el SIDA fuera falso?" ("What if everything you thought you knew about AIDS was wrong? [7]"
Maggiore era una mediana empresaria de cierto éxito, y en 1992 se hizo un test de Elisa como parte de un chequeo de rutina. El resultado del test fue positivo, y ella, que hasta ese momento creía firmemente en la versión oficial, sintió que su mundo se derrumbaba y se imaginó a sí misma sufriendo y agonizando convertida en un desecho humano. Un año después se hizo un segundo test, y el resultado fue negativo. Un tercer test fue positivo, y el cuarto fue negativo.
Como hubiera hecho cualquier persona, Christine Maggiore empezó a investigar por su cuenta y se sorprendió ante lo que descubrió: los tests no medían la presencia del virus sino de ciertos anticuerpos, y ningún científico había explicado todavía cómo el VIH producía el SIDA. Así, inevitablemente se transformó en una disidente.
Llegó a estar tan convencida de que la versión oficial no era fiable, que no sólo decidió no tomar AZT, sino que además ella y su esposo (el documentalista Robin Scovill), decidieron tener sexo sin condón, e incluso tuvieron un hijo que además fue amamantado por Christine, lo que ha desatado la ira de muchas personas. En el año 2001, cuando el programa "20/20", de la cadena ABC News dedicó un segmento a la historia de Christine, Charlie ya tenía 3 años y tanto él como su madre estaban en perfectas condiciones de salud [8].
Traté de comprar el libro "¿Qué pasaría si todo lo que crees saber sobre el SIDA fuera falso?", pero como era de esperarse, no lo encontré. Pero se puede comprar, al igual que los libros de Duesberg, en www.amazon.com. Si eres un enfermo de SIDA, o un supuesto portador, o conoces a alguien que lo sea, te recomiendo conseguirlo. También te recomiendo visitar la página creada por Christine Maggiore, www.aliveandwell.org, cuya versión en español es www.vivoysano.com. En ellas hay mucha información escrita en forma muy simple sobre la experiencia de Christine y sobre las alternativas para prevenir y combatir el SIDA.

Disidente 5: Thabo Mbeki

Mbeki no es científico, ni tampoco es portador del VIH, ni presunto enfermo de SIDA. Thabo Mbeki es el Presidente de Sudáfrica, el país con mayor cantidad de enfermos de SIDA en el mundo: más de 4 millones, lo que corresponde al 10% de la población total del país [9].
El Presidente sudafricano ha sido el centro de una fuerte polémica en su país y en el resto del mundo por su apertura hacia la teoría disidente. En el año 2000 generó violentas reacciones en el Parlamento Sudafricano, especialmente entre la oposición, cuando se publicó una carta que Mbeki le envió a Bill Clinton, entonces presidente de EE.UU., que entre otras cosas decía lo siguiente:
"...nuestra búsqueda de estas respuestas específicas y plenamente orientadas está siendo estridentemente condenada por algunos en nuestro país y en el resto del mundo presentándola como un abandono criminal de la lucha contra el VIH/SIDA.
Se sugiere, por ejemplo, que hay algunos científicos que «son peligrosos y están desacreditados», y con los que nadie, incluido nosotros, debería comunicarse o interactuar. ¡En un periodo anterior de la historia humana, serían herejes a los que habría que quemar en la hoguera!.
No hace mucho, en nuestro propio país las personas eran asesinadas, torturadas y encarceladas, y prohibida su mención tanto en privado como en público, porque la autoridad establecida creía que sus puntos de vista eran peligrosos y estaban desacreditados.
Ahora se nos pide que hagamos precisamente lo mismo que hizo la tiranía racista del apartheid porque, se dice, existe una visión científica que es apoyada por la mayoría, y contra la que está prohibido disentir.
¡Los científicos a los que se supone que hemos de poner en cuarentena científica incluyen Premios Nobel, miembros de Academias de Ciencias, y Profesores Eméritos de varias disciplinas de medicina!.
Científicos, en nombre de la ciencia, solicitan que cooperemos con ellos en congelar el discurso científico sobre el VIH/SIDA en el punto concreto que ese discurso alcanzó en Occidente en 1984.
Personas que en otro tema lucharían decididamente para defender los decisivamente importantes derechos de libertad de pensamiento y libertad de expresión, respecto al tema VIH/SIDA ocupan la primera línea en la campaña de intimidación y terrorismo intelectual, alegando que la única libertad que tenemos es estar de acuerdo con lo que estas mismas personas decretan que son verdades científicas demostradas [10]".
La actitud de Mbeki está en línea con una creencia generalizada entre los disidentes: la verdadera amenaza contra la salud del pueblo africano no es un virus, sino la desnutrición y las malas condiciones sanitarias.

Disidente 6: Mark Pierpoint

Mark Pierpoint era el Coordinador del Programa de Prevención del VIH/SIDA del Estado de Florida. El 3 de junio de 1999, anunció públicamente su renuncia al cargo y escribió a sus autoridades una carta que, entre otras cosas, decía:
"Después de una cuidadosa evaluación, considero que no puedo continuar promoviendo la Educación sobre el VIH/SIDA ni la aplicación de los tests de VIH (...) Si lo hiciese, estaría violando mi propia conciencia puesto que estas instrucciones reconocen y promueven una única opinión científica respecto de la causa del SIDA.
(...) Desgraciadamente, sólo una parte de los datos científicos ha sido puesta al alcance del público (...) Esta ciencia dominante es promocionada e incluso manipulada por los gigantes farmacéuticos que tienen un motivo obvio de beneficio. (...) el Servicio de Salud Pública ha hecho todo lo posible para silenciar opiniones científicas contrarias y en consecuencia ha negado a la población su fundamental derecho a un consentimiento informado.
Por la presente retiro mi participación de lo que un día puede ser visto como la mayor violación del principio de consentimiento informado en la historia de la Salud Pública [11]".
Aunque Pierpoint no sea una gran eminencia científica, aunque no haya escrito ningún libro, y aunque la única información que he encontrado sobre él es la que acabo de transcribir, creo que su testimonio tiene un valor enorme: formuló una gravísima acusación al Servicio de Salud Pública de EE.UU. después de conocer durante años su funcionamiento desde adentro.

Disidente 7: Gonzalo Larraín

Médico chileno, titulado en la Pontificia Universidad Católica. Una entrevista suya publicada en el Diario Noreste, cuyo título era "La salud es el equilibrio de las partes [12]" fue lo que detonó mi preocupación por este escalofriante asunto. En esa entrevista, Larraín demostraba ser un médico muy atípico, un outsider del sistema, que por iniciativa propia trabaja en consultorios de provincia, y un gran conocedor de diversas formas de medicina natural.
En términos generales, Larraín coincide con la postura disidente, y dice haber tratado a muchos pacientes etiquetados como enfermos de SIDA, con muy buenos resultados. Le otorga una enorme importancia a fortalecer el estado anímico de sus pacientes, y dice que lo primero es convencerlos de que no se están muriendo, y de que deben abandonar los tratamientos químicos de inmediato. Sostiene que todos los organismos vivos tenemos sistemas inmunológicos extremadamente eficientes, capaces de deshacerse por sí solos de cualquier virus, y por lo tanto, los médicos no deberían perder el tiempo persiguiendo virus, sino fortalecer el organismo. Según Larraín, una vida saludable, una buena alimentación y un espíritu optimista son la mejor medicina existente.
Hace como un mes llamé al doctor Larraín para entrevistarlo, ya que hasta donde sé es el único chileno que defiende la versión disidente. Me dijo que primero yo tenía que leer el libro de Christine Maggiore, para que pudiéramos empezar a conversar, así que por ahora la entrevista está pendiente.

Otros disidentes

Todo lo que he escrito representa apenas una pequeña parte de la información que he leído en internet. Hay muchos otros representantes de la versión disidente que hubiera incluido en este texto si hubiera tenido más tiempo y espacio, así que recomiendo buscar información sobre ellos también: la doctora australiana Eleni Papadopoulos, el norteamericano Walter Gilbert (Premio Nobel de Química 1980), los españoles Jesús García Blanca y Lluis Botinas, el colombiano Roberto Giraldo, y muchos otros nombres que aparecerán rápidamente si te tomas la molestia de investigar.

5. Conclusiones

El objetivo de este texto nunca fue llegar a la verdad sobre el VIH y el SIDA. Para eso están los científicos, y yo - repito - no sé casi nada sobre biología, química, virología, medicina, bioquímica ni nada que se le parezca.
Pero como no tengo las respuestas, creo que puedo aportar a generar preguntas. Mi objetivo es que este texto sea difundido, que lo lea la mayor cantidad de gente posible, que los lectores se sorprendan, se espanten, sientan escalofríos y se cuestionen profundamente hasta qué punto nuestro derecho a la información, en este asunto y muchos otros, ha sido manipulado por los medios de comunicación.
Vivimos en un mundo donde la ambición por el dinero (en forma de petróleo) puede originar guerras que acaban con la vida de cientos de miles de civiles inocentes, mientras los genocidas siguen ocupando sus puestos de poder y planeando la próxima masacre. Entonces, ¿por qué cerrarse a la posibilidad de que esa misma ambición esté matando a millones de personas de otra forma distinta a la guerra? Creo que hay motivos más que suficientes como para, al menos, dudar de la versión oficial sobre el VIH y el SIDA. El camino hacia el conocimiento está lleno de dudas; el camino hacia la ignorancia está lleno de certezas.
Los disidentes hacen muchas preguntas; los oficialistas las evaden en lugar de responderlas directamente.
Los disidentes defienden lo que creen con argumentos científicos; los oficialistas suelen optar por la descalificación y el desprecio.
Los disidentes claman por espacio en los medios de comunicación, pero son censurados; los oficialistas tienen todos los medios a su disposición.
Los disidentes han perdido (o dejado de ganar) mucho dinero, obteniendo a cambio muchos problemas por defender sus ideas.
Kary Mullis podría ser otro magnate del SIDA si hubiera querido aprovechar económicamente su invento, la PCR, pero no lo hizo. Duesberg perdió el apoyo económico del gobierno norteamericano. Christine Maggiore se ha ganado el repudio de miles de personas que, estando infinitamente menos informadas que ella, la tratan como a una criminal peligrosa. Thabo Mbeki ha obtenido fuertes críticas y ha visto fuertemente afectada su popularidad como político.
Hace un par de horas, eras inocente gracias a tu desinformación. Pero si ya leíste este texto, y no haces nada, te conviertes en cómplice y encubridor. Haciendo algo tan simple como difundir lo que ahora sabes, tal vez puedes ayudar a que mucha gente deje de sufrir, e incluso puedes salvar vidas.
No quiero que creas ciegamente todo lo que dice este texto, pero tampoco creas ciegamente lo que dice la versión oficial. ¿Estoy en lo cierto o no? Ni yo sé. Infórmate, cuestiona, duda, y júzgalo por ti mismo.

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LOS CRÍMENES DE LAS GRANDES COMPAÑÍAS FARMACÉUTICAS

En el breve periodo que va de 2000 a 2003, casi la totalidad de las grandes compañías farmacéuticas pasaron por los tribunales de EEUU, acusadas de prácticas fraudulentas. Ocho de dichas empresas han sido condenadas a pagar más de 2,2 billones de dólares de multa. En cuatro de estos casos las compañías farmacéuticas implicadas –TAP Pharmaceuticals, Abbott, AstraZeneca y Bayer– han reconocido su responsabilidad por actuaciones criminales que han puesto en peligro la salud y la vida de miles de personas. ¿Cuáles son esas actuaciones? ¿Quién recibe sus consecuencias? ¿Qué mueve a las compañías farmacéuticas a actuar de tal forma? ¿Qué respuestas están teniendo lugar ante esos abusos y cuáles deben producirse aún? En este Cuaderno estudiaremos las actuales estrategias de esta industria y el impacto directo que éstas tienen en la forma en que concebimos la salud y la enfermedad y en los recursos que tenemos para promocionar la primera y prevenir o curar la segunda.


1. El caso de la “disfunción sexual femenina”
2. El caso de los medicamentos anti-sida en áfrica
3. Riqueza y poder contra los pobres
3.1. Riqueza y poder de las grandes compañías farmacéuticas
3.2. ¿cómo utilizan las farmacéuticas su poder económico?
4. Una crisis interna. Capacidad de innovación terapéutica Substituida por márqueting
4.1. Crisis actual de las compañías farmacéuticas
4.2. Márqueting vs. Innovación terapéutica
5. Una oportunidad para desmantelar el sistema

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1. EL CASO DE LA “DISFUNCIÓN SEXUAL FEMENINA”

En el año 1998, la empresa Pfizer, la principal compañía farmacéutica de EEUU, comercializó un medicamento conocido con el nombre de “Viagra” para el tratamiento de la disfunción sexual masculina (concebida como disminución o desaparición de la capacidad de erección). Tres años más tarde, a 17 millones de hombres del mundo entero les había sido recetado dicho medicamento y su volumen de ventas en un solo año (2001) superaba los mil quinientos millones de dólares. Con este nuevo producto, Pfizer había superado largamente los criterios de definición de un “blockbuster”, que es el nombre con que se conoce en el argot de las farmacéuticas un medicamento con un volumen de ventas anual superior a los mil millones de dólares (o de euros). Los directivos de Pfizer se preguntaron: “¿Y si fuera posible conseguir un éxito semejante con un producto similar dedicado a las mujeres?”. El problema era que si bien existía un criterio aparentemente claro para hablar de “disfunción” en el caso de la sexualidad masculina (las dificultades en la erección), en el caso de las mujeres esto era mucho más difícil de definir y, sobre todo, de cuantificar o evaluar objetivamente.
En el año 1997 –pocos meses antes de que Viagra apareciera en el mercado– ya había tenido lugar en Cape Cod (Nueva York) el primer encuentro de especialistas médicos para determinar el perfil clínico de la “disfunción sexual femenina”. La iniciativa, organización y financiación del encuentro corrieron a cargo de 9 compañías farmacéuticas muy preocupadas por el hecho de que no existiera una definición de este trastorno compatible con un potencial tratamiento farmacológico.
Los promotores de tal encuentro eligieron entre sus colaboradores directos las personas que debían asistir al mismo. El objetivo de la reunión era diseñar la estrategia adecuada para crear una nueva patología en función de los intereses económicos de la industria farmacéutica. Un año y medio más tarde, en octubre de 1998, se celebró en Boston la primera conferencia internacional para la elaboración de un consenso clínico sobre la disfunción sexual femenina. 8 compañías farmacéuticas financiaron esta conferencia y 18 de los 19 autores de la nueva definición “consensuada internacionalmente” admitieron tener intereses económicos directos con estas u otras compañías. Un año más tarde, en 1999, apareció un artículo en la revista JAMA titulado “Disfunción sexual en EEUU: prevalencia y variables predictivas”, en el que se afirmaba, supuestamente con objetividad científica, que un 43% de la población femenina de EEUU sufría la “nueva enfermedad” definida según los intereses de la industria farmacéutica. Los pasos seguidos para identificar a la “población enferma” fueron los siguientes: 1) se elaboró una lista de 7 “problemas” considerados cada uno de ellos de suficiente peso como para justificar el diagnóstico de la nueva enfermedad si una mujer los había presentado durante dos meses o más en el último año; 2) se pasó el cuestionario a una muestra de 1.500 mujeres; 3) se evaluaron los resultados de forma que responder “Sí” a uno solo de los ítems se consideró criterio suficiente para identificar la enfermedad. Uno de los 7 ítems era la ausencia de deseo sexual. Es decir, que las mujeres que respondieron que no habían tenido deseo sexual durante dos meses o más en el último año, automáticamente –independientemente de si estaban de luto por la muerte de un ser querido, preocupadas por falta o por exceso de trabajo, atrapadas en una relación insatisfactoria o gozando de una etapa de plenitud interior–, quedaron etiquetadas de “disfuncionales” y pasaron a engrosar el porcentaje de candidatas potenciales para el tratamiento que la industria farmacéutica confiaba poder desarrollar en breve. Dos de los tres autores del citado artículo tenían vínculos económicos con laboratorios farmacéuticos.
El mismo año, en octubre de 1999, tuvo lugar un tercer encuentro sobre el tema, organizado por la Facultad de Medicina de la Universidad de Boston, pero promovido y financiado por 16 compañías farmacéuticas. El 50% de los asistentes admitieron tener intereses en la industria farmacéutica6. Del encuentro surgió el Fórum para la Función Sexual Femenina, que celebró dos conferencias más en los años 2000 y 2001 en Boston gracias a la financiación de 20 compañías farmacéuticas, lideradas por Pfizer. En el año 2003, esta manipulación de los criterios médicos en función de los intereses comerciales fue denunciada por Ray Moynihan en una de las revistas médicas de mayor prestigio, el British Medical Journal. Los editores de la revista recibieron en 6 semanas un total de 70 respuestas y comentarios con relación al artículo de Moynihan. 2/3 de las respuestas fueron de apoyo y confirmaron la indignación de los profesionales de la medicina ante dicha manipulación aunque, como deja bien claro una de las respuestas, sin ellos no podría producirse. Si los médicos no colaborásemos con los abusos de las compañías farmacéuticas, esos abusos no acontecerían.
En diciembre de 2004, la agencia reguladora de los medicamentos en EEUU impidió que se comercializara el primer medicamento destinado a sanar la “disfunción sexual femenina” (el parche de testosterona de los laboratorios Proctor y Gamble). Los responsables de los estudios clínicos –todos financiados y supervisados por Proctor y Gamble– habían presentado sus resultados de forma sesgada, de modo que lo que eran unos beneficios dudosos y unos más que probables efectos secundarios peligrosos (cáncer de pecho y enfermedad cardiaca) se anunciaban como beneficios claros y riesgos negligibles. De momento aún no ha sido desarrollado ningún otro medicamento para la disfunción sexual femenina, entre otras cosas debido a una creciente conciencia por parte de todos los agentes implicados de los efectos nocivos del exceso de influencia de las compañías farmacéuticas en el ejercicio de la medicina. La disfunción sexual femenina (como cualquier otra enfermedad) tiene que ser estudiada en función de los intereses médicos de las mujeres afectadas y no en función de los intereses económicos de algunas de las empresas más ricas del planeta.
Los medicamentos genéricos son aquellos que se venden sin nombre comercial, haciendo constar en la caja simplemente el nombre del principio farmacológico (por ejemplo: ‘aspirina’ es un nombre comercial que sólo puede utilizar la casa que se lo inventó, en este caso la casa Bayer; ‘AAS’ (ácido acetil salicílico) es el nombre genérico que corresponde al principio activo de la aspirina). No es lo mismo ser VIH-positivo” que “tener la SIDA”. Con los tratamientos actuales, una persona VIH-positiva puede vivir muchos años sin desarrollar la enfermedad.

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2. EL CASO DE LOS MEDICAMENTOS ANTI-SIDA EN ÁFRICA

El 23 de marzo de 2005, el parlamento indio se vio obligado a aprobar, por imperativo de los acuerdos internacionales de la Organización Mundial del Comercio (OMC), una nueva ley de patentes que modificaba la de 1970 para que en el futuro la comercialización de medicamentos en India estuviera sometida al sistema de patentes. Hasta aquel momento, en caso de que los propietarios de las patentes hicieran un uso abusivo de las mismas (por ejemplo, proponiendo precios inasequibles para la población india), los laboratorios farmacéuticos de India podían producir legalmente preparados genéricos de medicamentos que aún estaban protegidos por patentes en los países ricos.
La industria india de genéricos daba trabajo en el año 2003 a 500.000 personas en más de 20.000 empresas (que, mediante contratos subsidiarios, daban trabajo a un total de más de 2,5 millones de personas). De acuerdo con la ley de 1970 que en marzo de 2005 fue derogada, los genéricos indios podían ser comercializados en otros países pobres, como la mayoría de países del África subsahariana, donde hoy residen más de 30 de los 40 millones de personas infectadas con el VIH en todo el mundo. Según informes de la ONU del año 2003, más de 30 millones de personas están infectadas con el VIH en el África subsahariana. En el estado de Botswana, por ejemplo, el 40% de las mujeres están infectadas por VIH, y en el de Lesotho lo está un tercio del total de la población. Por falta de medicamentos antirretrovirales, tres millones de africanos mueren todos los años de SIDA.
La industria farmacéutica india de genéricos ha sido hasta el momento fundamental para asegurar el acceso a los medicamentos a un porcentaje ínfimo (menos del 1%) pero creciente de la población de los países pobres, especialmente el acceso a los medicamentos antirretrovirales necesarios para tratar la infección por VIH. Gracias a esta libre competencia que eliminaba el sistema de patentes, el precio del tratamiento antirretroviral se había reducido en el año 2004 de 1.500 a 150 dólares por persona y año. Además, dado que no tenían que respetarse las patentes que obligan a producir cada medicamento por separado, los laboratorios indios podían combinar los tratamientos múltiples en una sola pastilla. La reducción del coste y la simplificación del tratamiento que supone la combinación de tres principios activos diferentes en una única pastilla han tenido efectos dramáticos en la posibilidad de tratar con éxito la epidemia de SIDA. A escala mundial, unas 350.000 personas en tratamiento antirretroviral dependen de la producción de genéricos en India. Este número representa la mitad de la totalidad que toma tratamiento antirretroviral en los países en vías de desarrollo. Ello significa que menos de un 2,5% de los seropositivos por VIH reciben tratamiento en los países en vías de desarrollo. Millones de personas mueren todos los años a causa de ello. Con el reforzamiento internacional del sistema de patentes, todos los medicamentos creados entre 1995 y 2005 más todos los que se creen a partir de 2005, estarán protegidos por la patente y no entrarán en competencia libre, con lo que su precio puede encarecerse más de 10 veces (como mínimo). Y esto, en cuanto a los medicamentos esenciales para tratar la infección de VIH, otras infecciones muy prevalentes y potencialmente mortales (como la malaria o la tuberculosis) o el cáncer. Entre 1995 y 2005 ha habido en India 8.926 demandas de patentes que, debido a la nueva ley impuesta por la OMC, ahora deberán ser revisadas. De estas casi 9.000 patentes, más de 7.000 proceden de multinacionales extranjeras, con el gigante farmacéutico Pfizer al frente. Pfizer es hoy la mayor compañía farmacéutica del mundo, y uno de los principales agentes económicos en EEUU. Pfizer doblegó al gobierno francés en 2002 con la amenaza de retirarse de Francia si sus demandas no eran atendidas, es decir, si el gobierno francés ponía pegas a sus precios claramente abusivos; el gobierno francés cedió y no hubo escándalo. Si un estado de la Unión Europea como Francia tuvo que ceder a sus demandas, ¿con qué fuerza política podrían oponerse a la imposición de pactos bilaterales desventajosos los países en vías de desarrollo? La relación directa entre la imposición de una patente y la mortalidad de la población puede ejemplificarse con el caso de Brasil. En Brasil, desde que se votaron leyes que prohíben patentar los medicamentos aparecidos en el mercado brasileño antes de 1997, pudieron producirse localmente equivalentes genéricos de 8 de los 12 antirretrovirales disponibles mundialmente con una reducción de promedio del coste del 79%. En el año 2003 se constató que se había estabilizado la epidemia y se había reducido la mortalidad a la mitad. Con la nueva legislación internacional la producción de genéricos de Brasil también quedará bloqueada. Por su interés, reproduciremos a continuación algunos extractos de la carta que Karim Laouabdia, portavoz de la campaña para el acceso a las medicinas esenciales de Médicos sin Fronteras (MSF), dirigió el 20 de septiembre de 2005 a Pascal Lamy con motivo de su elección como director general de la Organización Mundial del Comercio (OMC):

“La crisis VIH/SIDA ha evidenciado la necesidad urgente de asegurar que los medicamentos esenciales estén disponibles a precios asequibles. Hoy, aproximadamente la mitad del millón de personas que reciben tratamiento antirretroviral en los países en vías de desarrollo dependen de la industria de genéricos. Las dosis combinadas que se producen en India simplifican enormemente la administración del tratamiento antirretroviral y han jugado en papel crítico en hacer llegar el tratamiento a las áreas de escasos recursos.
La Declaración de Doha de la OMC del año 200117 representó un paso fundamental para aumentar el acceso a los medicamentos. Esta declaración apoya de forma clara a cualquier gobierno en la tarea de proteger la salud de su población utilizando las brechas legislativas del ADPIC para superar las barreras impuestas por el sistema de patentes, y ayuda a los países menos desarrollados extendiendo el periodo de transición libre de patentes hasta el año 2016. Desde entonces, sin embargo, hemos asistido al desmantelamiento sistemático de la Declaración de Doha mediante acuerdos comerciales bilaterales que imponen niveles de protección de la propiedad intelectual mucho más elevados que los exigidos por la OMC.
El impacto de la protección de patentes en los programas del VIH será muy evidente en los próximos años, en los que un número muy elevado de pacientes que se encuentran hoy en tratamiento se verán obligados a sustituir su actual tratamiento por medicamentos más nuevos, de segunda línea. Estos medicamentos son de promedio de 4 a 10 veces más caros que los de primera línea, y casi todos son o serán patentados en países pobres que tendrían la capacidad de producirlos en versión genérica (India, Brasil y Tailandia).
(...) Además, el impacto de la nueva legislación de patentes no se limita a los medicamentos antirretrovirales, sino que afectará de forma progresiva a todo el conjunto de enfermedades por lo que refiere a los medicamentos que se desarrollen a partir de ahora.
(...) Hasta el momento –y en contra de las promesas realizadas– el aumento de la protección de patentes en los países en vías de desarrollo no ha contribuido al incremento de la investigación. Muchas enfermedades graves son simplemente ignoradas. Vivimos las consecuencias de ello en nuestro día a día asistencial: cuando se trata de diagnosticar la tuberculosis en personas infectadas por VIH; al tratar enfermedades tropicales como la leishmaniasis, que afecta a 12 millones de personas; en el seguimiento de los infectados con el VIH y en el tratamiento de los niños con VIH...”

Menos de 3 meses después de haber expuesto la urgencia de esta situación ante la OMC, Médicos sin Fronteras emitía un comunicado de prensa en el que denunciaba que, además de prohibir la producción de genéricos en los países pobres, las compañías farmacéuticas se negaban a comercializar en dichos países los medicamentos que no les aportaban suficientes beneficios. El ejemplo que ponían era el de la combinación antirretroviral Kaletra de la casa Abbott. La casa Abbott ha comercializado recientemente una versión del Kaletra que no necesita refrigeración. A pesar de la gran utilidad que un preparado así tendría en el contexto africano, debido a las elevadas temperaturas y a la frecuencia con que se interrumpe el suministro eléctrico, la casa Abbott se ha negado a comercializarlo en África. En cuanto a otro de los medicamentos antirretrovirales recomendado por la OMS, el Tenofovir, la casa Gilead, que tiene su patente, tampoco lo ha comercializado en África.

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3. RIQUEZA Y PODER CONTRA LOS POBRES

El extraordinario incremento de poder político y económico de las grandes compañías farmacéuticas estadounidenses se inició con la ley de extensión de patentes (Ley Hatch-Waxman) que la mayoría republicana de la era Reagan aprobó en 1984, y se consolidó con la creación de la Organización Mundial del Comercio (OMC) en 1994, destinada a asegurar que la globalización no atentara contra los intereses del gran capital.

3.1. RIQUEZA Y PODER DE LAS GRANDES COMPAÑÍAS FARMACÉUTICAS

Los márgenes brutos de esta industria son del 70 al 90% y su tasa de ganancias
es la más elevada de todas (según la revista Fortune fue, en el año 2000, del 18,6%, versus el 15,8% de los bancos comerciales; la tasa de ganancias de Pfizer, la mayor compañía farmacéutica, fue en el año 2004 del 22% del total de las ventas, que fueron de 53 billones de dólares (para poder evaluar la potencia económica de una empresa así puede resultar ilustrativo hacer notar que el total de ingresos impositivos del conjunto del Estado español aquel mismo año –2004– fue de 138 billones de euros y que el total de ingresos derivados de las declaraciones de Renta fue de 32 billones de euros). A pesar de dichas ganancias billonarias, la carga impositiva de la industria farmacéutica es muy inferior a la media de las empresas (de un 16,2% versus el 27,3% del promedio de la gran industria), mientras que su principal producto (los medicamentos de receta) incrementa de precio muy por encima del nivel de la inflación (de un 6 a un 20% todos los años). El lobby de las compañías farmacéuticas de EEUU (la PhRMA) contaba en el año 2000 con 297 lobbysters profesionales, es decir, uno por cada dos congresistas. Dicho número –que ya superaba en mucho el de cualquier otro grupo de presión–, ha sido triplicado en los últimos años, de modo que en 2002 la PhRMA financió el trabajo de 675 lobbysters, lo que significa que había, trabajando en Washington, más promotores de los intereses de las compañías farmacéuticas que congresistas. Ello (como veremos en el apartado 3.2) ha hecho posible que esta industria consiguiera las ventajosas condiciones que le han permitido dominar progresivamente el mercado mundial: el 60% de las patentes de medicamentos son de EEUU, versus el 20% de la Unión Europea, y EEUU domina el mercado de los 50 medicamentos más vendidos (todos, blockbusters).
Las exenciones y reducciones de impuestos expuestas más arriba y la multiplicación de leyes y pactos favorables a partir de la era Reagan muestran que la situación actual de desproporcionado privilegio de que disfruta la industria farmacéutica no es fruto del “libre mercado” sino de una política deliberada destinada a proteger una industria que en EEUU es tan estratégica como la del petróleo.
En el año 2002, la suma de las ganancias de las 10 compañías farmacéuticas más importantes superó las ganancias combinadas de las otras 490 empresas que aparecen en la lista de las 500 industrias más provechosas de la revista Fortune (las 10 farmacéuticas más importantes, juntas, tuvieron un beneficio total de 35,9 billones de dólares y las restantes 490 empresas, juntas, tuvieron un beneficio total de 33,7 billones de dólares). La Dra. Marcia Agnell, editora jefe durante casi 20 años de la revista médica de mayor impacto, el New England Journal of Medicine, afirma lacónicamente: “Una industria con tal volumen de ganancias es como un gorila de 500 kg: hace lo que quiere”. Y Philippe Pignarre, directivo durante diecisiete años de una gran compañía farmacéutica y actualmente profesor de la Universidad de París-VIII, insiste en que el mercado no es ni ha sido nunca una realidad “natural” sino “cultural” o “social”, o sea, fruto de reglamentaciones y normas que no regulan una “realidad natural” previa al establecimiento de las normas sino que “hacen posible”, “dan a luz” o “modifican” una realidad intrínsecamente cultural. El mercado siempre tiene normas que lo regulan. El “mercado libre” (libre mercado) no existe; existe, eso sí, el “mercado salvaje”, es decir, el mercado regulado según los intereses del rey de la selva o del gorila de 500 kg, y el “mercado menos salvaje”, en el que las normas intentan temperar la avidez de los más fuertes.

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3.2. ¿CÓMO UTILIZAN LAS FARMACÉUTICAS SU PODER ECONÓMICO?

Las grandes compañías farmacéuticas utilizan hoy su riqueza y poder para defender sus propios intereses a costa del bienestar, la salud y la vida de otras personas. De acuerdo con el informe elaborado el año pasado (2005) por la comisión de expertos del Parlamento inglés, los intereses de la industria farmacéutica y los del conjunto de la población no coinciden: esta comisión constató que es “esencial poner en marcha un régimen regulador eficaz que consiga que la industria farmacéutica no perjudique el bien común” y determina que “el objetivo de los nuevos medicamentos debería ser conseguir que los pacientes obtengan un beneficio terapéutico real”. ¿Qué significa este lenguaje? ¿El Parlamento tiene que regular que las compañías farmacéuticas se dediquen a crear medicamentos que sean útiles para los pacientes? Si no producen medicamentos útiles, ¿a qué se dedican hoy por hoy estas compañías? ¿Cómo obtienen los mil millonarios beneficios que hacen que el mismo informe que estamos citando afirme que la industria farmacéutica debe ser considerada “una joya en la corona inglesa” porque es la tercera industria más rentable del país, tras el turismo y la banca? ¿Cómo consigue sus beneficios esta industria si su principal actividad no es realizar medicamentos útiles? Las principales estrategias utilizadas hoy por la industria farmacéutica para obtener sus ganancias mil millonarias son las siguientes:
1) comercializar y efectuar una extraordinaria presión propagandística de los medicamentos que fabrica, aunque no sean útiles y puedan ser nocivos e incluso mortales;
2) explotar al máximo los medicamentos (incluidos los esenciales) en forma de monopolio y en condiciones abusivas que no tienen en cuenta las necesidades objetivas de los enfermos ni su capacidad adquisitiva;
3) reducir a la mínima expresión o eliminar totalmente, en algunos casos, la investigación de las enfermedades que afectan principalmente a los pobres, porque no resultan rentables, y concentrarse en los problemas de las poblaciones con un alto poder adquisitivo, aun cuando no se trate de enfermedades (como la proliferación de “medicamentos” antienvejecimiento);
y 4) forzar las legislaciones nacionales e internacionales a que favorezcan sus intereses, aunque sea a costa de la vida de millones de personas.

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3.2.1. Medicamentos inútiles, nocivos e incluso mortales

Datos de la agencia reguladora de los medicamentos de EEUU (FDA) muestran que entre 1998 y 2002 se registraron 8 suicidios en EEUU entre enfermos de epilepsia que tomaban gabapentina de la casa Pfizer (su nombre comercial es Neurontin). En el primer semestre de 2003, el número de suicidios registrado fue de 17. Después de que un bufete de abogados estadounidense hiciera públicos dichos datos y se abriera un registro propio de los citados incidentes, en los 12 meses que van de septiembre de 2003 a agosto de 2004 se documentaron 2.700 intentos de suicidio entre los enfermos que tomaban gabapentina, de los que 200 terminaron con la muerte del enfermo. 2.500 intentos fallidos y 200 muertes en 12 meses. En noviembre de 2004 la revista British Medical Journal (BMJ) informaba del hecho que, una vez se les habían remitido los datos, ni la compañía Pfizer ni la agencia reguladora FDA habían tomado todavía medida alguna, ni siquiera la de indicar en el prospecto el incremento del riesgo de suicido. En el momento de escribir estas líneas he consultado la página web de la compañía Pfizer. En los advertimientos, Pfizer deja constancia de la posibilidad que el Neurontin incremente el riesgo de suicido, pero para encontrar esta información tienen que leerse 26 páginas de explicaciones farmacológicas y de posibles efectos secundarios. En cuanto al antidepresivo sertralina (Zoloft), también de la casa Pfizer, el mismo BMJ informaba que la compañía había ocultado información sobre los posibles efectos secundarios de intento de suicidio y agresividad. Tras el caso de Christopher Pittman (un niño de 12 años que empezó a mostrar un comportamiento altamente agresivo a las pocas semanas de iniciar un tratamiento con sertralina y que, dos días después de que le doblaran la dosis, asesinó a sus abuelos e incendió su casa) y una acumulación de evidencias en dicho sentido, la agencia europea de regulación de los medicamentos finalmente ha desaconsejado su uso en menores. Los medicamentos inútiles se conocen en el argot farmacéutico con el nombre de “medicamentos yo también” (me-too drugs). Estos medicamentos se diseñan y comercializan con el objetivo de sustituir a un medicamento anterior cuya patente está a punto de expirar. Por lo que refiere a sus propiedades terapéuticas, son esencialmente las mismas que las del medicamento anterior pero, dado que se aprueban como si fueran medicamentos nuevos, la compañía farmacéutica que los fabrica tiene derecho a explotarlos en régimen de monopolio protegido por el derecho de patente durante unos cuantos años. El éxito de los medicamentos inútiles se explica únicamente por el poder del marketing sobre los médicos y los pacientes (véase el apartado 4.2).
Un ejemplo de estos medicamentos sería la cerivastatina de la casa Bayer (sus nombres comerciales son Baycol, Lipobay, Cholstat y Staltor), un medicamento anticolesterol que en el año 2001 tuvo que ser retirado del mercado cuando se comprobó que había sido el causante de 1.100 casos de rabdomiolisis severa (destrucción muscular que puede ser irreversible) y de un centenar de muertes. Otro ejemplo aún más reciente es el de los antiinflamatorios Vioxx (de la casa Merck) y Bextra y Celebrex (de Pfizer). Estos medicamentos no demostraron ningún beneficio objetivo en los ensayos clínicos previos a su comercialización que los comparaba con otros antiinflamatorios ya existentes, pero en 1998 y 1999 recibieron el visto bueno de las agencias reguladores porque se esperaba que tuvieran menores efectos secundarios. En septiembre de 2004, Vioxx se retiró del mercado después de que se constatara que sus efectos secundarios no sólo no eran menores sino que incluso eran mortales (ataques al corazón y embolias). La agencia reguladora de los medicamentos en EEUU consideró que Vioxx podía haber sido responsable de 27.785 muertes por ataque al corazón entre 1999 y 200339. En abril de 2005, Bextra y Celebrex (de Pfizer) se retiraron también del mercado tras unos cuantos meses de estira y afloja con las autoridades sanitarias que pusieron de manifiesto la gran influencia política de estas compañías. Cuando se desarrolla un nuevo medicamento, siempre existe un riesgo de efectos secundarios no deseados que no han podido detectarse en la fase de estudio. Hay que contar con ello. Pero, entonces, si todo nuevo medicamento tiene un riesgo potencial de causar efectos secundarios serios o incluso la muerte, ¿por qué se desarrollan medicamentos nuevos que no aportan ninguna mejora terapéutica respecto a otros ya existentes? ¿Por qué los producen los laboratorios? ¿Por qué las agencias reguladoras los aprueban? ¿Por qué los médicos los recetan?
Dentro de este apartado de comercialización injustificada, deben mencionarse por último los medicamentos destinados a curar enfermedades –como la disfunción sexual femenina– que la industria farmacéutica ha creado según sus intereses. Algunos ejemplos de condiciones de la vida humana etiquetados como “enfermedad” para poder comercializar
medicamentos que las sanen serían la menopausia (para poder vender tratamientos hormonales sustitutivos que hoy en día han demostrado un inaceptable nivel de efectos secundarios); la tristeza más o menos fisiológica, adaptativa o incluso creativa, que se etiqueta
de depresión, para poder vender antidepresivos (que ya hemos visto que pueden causar homicidios y suicidios); y las dificultades de memoria propias de la gente mayor que se etiquetan como “déficit cognitivo incipiente” para poder vender medicamentos antidemencia (al saber que sufren demencia los ancianos se deprimen y entonces, además del medicamento antidemencia, puede vendérseles un antidepresivo). En inglés tienen una expresión popular para denunciar esta penetración abusiva del modelo médico en ámbitos de la vida que no le son propios; dicen: “a pill for every ill”. El informe 2005 de la comisión de expertos del Parlamento inglés constata que en 2003 se vendieron en Inglaterra 650 millones de medicamentos de receta (o sea, sin tener en cuenta todos los medicamentos que pueden adquirirse directamente en la farmacia sin que los recete un médico). Este número refleja un incremento del 40% respecto a los medicamentos vendidos 10 años antes y significa que cada ciudadano inglés toma una media de 13,1 medicamentos de receta al año.
Este mismo informe especifica que “está claro que no puede acusarse en solitario a la industria farmacéutica del problema de la medicalización de la sociedad, pero dicha industria ha exacerbado el problema estimulando una confianza enfermiza en el uso de los medicamentos; la tendencia actual es catalogar cada vez más y más individuos como 'anormales' y necesitados de tratamiento farmacológico”. Según la red de centros regionales de farmacovigilancia de Francia, todos los años, 1.300.000 franceses son hospitalizados en el sector público por efectos indeseables de un medicamento. Este número es el 10% del total de las hospitalizaciones. De estas personas, una tercera parte se encuentran en estado grave y 18.000 mueren cada año (el doble del número de muertes por accidentes de carretera).

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3.2.2. Explotación de medicamentos esenciales en condiciones abusivas

Al discutir la comercialización de los antirretrovirales en África, hemos visto el brutal impacto que la nueva legislación sobre patentes, en vigor en 2005, tiene sobre el acceso a los medicamentos esenciales en los países pobres.
Pignarre caracteriza así la respuesta de las grandes compañías farmacéuticas a las denuncias que les llegan de las organizaciones humanitarias:
“La industria farmacéutica explica que todo ataque al derecho de patentes en el Tercer Mundo, y en particular en África, con relación a los medicamentos contra el SIDA, significará el final de unas investigaciones que ya nadie querrá financiar. (...) No obstante, si se sigue dicho razonamiento, el progreso no podría continuar sin el precio de millones de vidas humanas que habitan en el Tercer Mundo, y ello teniendo en cuenta que este progreso del que se habla es sólo una promesa… Incluso si fuera una promesa plausible, se trataría de optar por prolongar la duración y la calidad de vida de las poblaciones privilegiadas del Norte a costa de acortar de forma inmediata, en decenas de años, la esperanza de vida en el Sur. ¡Lo que equivale a condenar al 90% de quienes tienen necesidad de medicamentos para seguir viviendo, para que los precios sigan siendo elevados para el 10% de los privilegiados! Esta dialéctica obscena en la que, de modo unánime, quiere encerrarnos la industria farmacéutica de los países ricos, es el inicio de un reinado de terror”.
En plena polémica sobre la obligatoriedad impuesta a los países pobres de respetar las abusivas patentes de los antirretrovirales a costa de la vida de sus ciudadanos, la Oficina Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI) –que forma parte de la ONU– elaboró un documento de propaganda a favor de las compañías farmacéuticas en el que tachaban de “mitos” y se refutaban con argumentos falsos las seis acusaciones principales contra el sistema de patentes. Reproducimos en versión resumida la formulación que hizo la OMPI de tales
“mitos” y algunos de los comentarios que hace sobre ello Ph. Pignarre:
1. Las dificultades de acceso a la atención sanitaria y de disponibilidad de medicamentos esenciales son consecuencia del sistema de patentes. Si ello es un mito, ¿por qué los países que no respetaron el sistema de patentes (como India) han podido actuar mucho mejor contra el SIDA que los países que, por las buenas o por las malas, tuvieron que aceptarlos?
2. El coste elevado de los medicamentos es principalmente una consecuencia del sistema de patentes que permite que los industriales fijen precios artificialmente elevados. Si ello es un mito, ¿por qué el fluconazol, un medicamento utilizado en enfermos de SIDA, tiene un precio de mercado que varía entre 14 y 25 euros en los países donde Pfizer ha mantenido su monopolio y de sólo 0,75 euros en los países donde existen genéricos? ¿Por qué la compañía india de genéricos Cipla propone a MSF un coste anual de la triterapia antisida de 350 euros por paciente contra los 10.400 euros exigidos por los laboratorios occidentales?
3. El sistema de patentes favorece los intereses de los industriales a expensas del bien común.
A la práctica existe contradicción entre los intereses de los industriales y el bien común. El mercado en general – muy particularmente el mercado de los medicamentos– no es libre; está sometido a regulación en todos los países. Actualmente, esta regulación favorece a los industriales. Como recomienda el comité de expertos del Parlamento inglés, deberían modificarse las normas en favor de la salud pública.
4. El sistema de patentes imposibilita una auténtica competencia. Eso nadie lo dice. Sí permite la competencia, pero conforme a unas reglas que no favorecen el bien común.
5. El sistema de patentes es singularmente injusto con los países subdesarrollados, que deben dar respuesta a situaciones sociales y económicas muy complejas y deberían estar exentos de las obligaciones ligadas a la propiedad intelectual internacional, especialmente en el caso de ciertos medicamentos. Ello no sólo no es un mito sino que se trata de una urgencia sanitaria de primera magnitud. Debe instaurarse un forum internacional en el que EEUU no posea derecho de veto.
6. Los tratados internacionales sobre la protección mediante patentes impiden el ejercicio del derecho humano fundamental a disponer de los medicamentos que pueden salvar la vida.
Como hemos visto, hay casos en que esto es cierto. Es preciso un nuevo sistema de patentes.

El abuso del actual sistema de explotación de patentes no afecta sólo a los países del Tercer Mundo. En los países ricos, cada vez hay más gente que tiene dificultades para pagar el precio de los tratamientos prescritos. Estas personas tienen que hacer equilibrios entre las facturas de alimentación o de calefacción y las de los medicamentos. Para reducir gastos, hay quien toma sus medicamentos día sí día no, y quien los comparte con otros miembros de la familia. En EEUU no es raro que el precio de tomar un medicamento durante un año sea de 1.500 dólares. Las personas de más de 65 años toman en este país (y cada vez más también en el nuestro) una media de 6 medicamentos. Ello representa un gasto de 9.000 dólares al año.

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